Mi estimado Mao, es un placer grande saber de ti después de
tanto tiempo. Por lo que veo, hay cosas que no cambian mucho. Lo digo por lo
que me cuentas respecto a tus dos bancos que, debido a la cómo te expresas de
ellos, ya siento que los conozco de tiempo atrás y que he convivido con ellos
de una forma u otra. Por la manera en que los describes (“siendo útiles a su
modo”) da la impresión de que hablas del mexicano que trata de sacudirse el
peso antropológico que trae a sus espaldas para intentar ser algo nuevo, al
menos, como tú dices, para se útil a su modo. A final de cuentas, al definir a
esos bancos nos llevaste a todos de corbata.
Hace
unos días empecé a leer El perfil del
hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, y me encontré con una idea que
hizo pensar en tus bancos. En el subcapítulo La influencia del medio, Ramos termina por definir al indígena y al
español de este modo: “El destino histórico colocó a aquellos hombres en medio
de dos mundos que nos son plenamente suyos. Ya no es europeo, porque vive en
América, ni es americano porque el atavismo conserva su sentido europeo de la
vida. De este conflicto psicológico inicial derivan los accidentes peculiares
de nuestra historia”. Prueba de este atavismo europeo es nuestro
afrancesamiento después de la independencia.
Como tus bancos, me pregunto si también nosotros fuimos “dotados de una personalidad más bien anodina en su
nacimiento, adquiriendo carácter y enjundia a fuerza de sinsabores y golpes y
arañazos y apretujaderos y amontonamientos”. No haría semejante comparación si
esta carta la hubiera escrito antes del primero de julio. Sigo sin entender qué
pasó, cómo es posible que a pesar de tanto información hubo mexicanos que se
inclinaron por el inefable partido de los dinosaurios. El hecho de que me
encuentre leyendo el libro de Ramos no es fortuito sino deliberado y con el afán
de comprender qué pasó y cómo ante la oportunidad de hacer algo distinto con
este país optamos por lo mismo, amén de los delitos electorales, claro.
Puedo
decirte que he encontrado algunas respuestas pero eso lo dejo para otra
ocasión.
Respecto a la
ciudad, yo creo que las cosas se ven igual cuando uno se mantiene en la misma línea.
A riesgo de equivocarme y hacer de mí una falsa idea, la ciudad me parece cambiada.
Ya estoy por
terminar la universidad, sólo es cosa de ver unos detalles que hacen falta. Te
puedo decir que estos cuatro años son algo que jamás olvidaré. Si bien fueron
muy productivos en cierto aspecto, también hubo carencias de otro tipo. Al
enfocarme en la carrera descuidé otros puntos no menos importantes y esto, de
un modo u otro, me causaron conflictos y, me atrevo a decirlo, cambios de
personalidad. Aun no sé si para bien o para mal, lo sabré en su momento. Por lo
pronto me siento muy bien.
Ahora ya me puedo
dedicar a mis proyectos personales, durante la carrera empecé a escribir
algunas cosas pero nunca pude darme el tiempo para concluir nada, ahora es el
momento.
Te
cuento que el próximo mes regreso a la Ibero, esto me tiene
entusiasmado no sólo por la materia que impartiré sino porque regreso a
una universidad donde trabajé muy a gusto hace cuatro años. Y gracias a
tus exigencias como coordinador hicimos cosas relevantes, de no ser por
tu necedad, jamás me hubiera aventado un montaje como el que hicimos.
Era casi un suicidio artístico.
Te mando un fuerte abrazo, mi querido Mao. Seguimos en contacto.
Juan José Luna12 de julio, Tijuana.



